Diez vueltas de tuerca

Diez vueltas de tuerca (lectura fácil)

  1. Velaré por el cumplimiento estricto de la Convención de la ONU sobre los derechos de las Personas con Discapacidad. Rechazaré y denunciaré las leyes y normativas que la contravienen.
  2. Velaré por el respeto a la dignidad de las personas con diversidad funcional y promoveré medidas sancionadoras contra cualquier tipo de discriminación hacia ellas por motivo de su diversidad funcional.
  3. Apoyaré y favoreceré la libre toma de decisiones y el control sobre sus propias vidas de las personas con diversidad funcional . Para su consecución propiciaré el acceso sin restricciones a la Asistencia Personal para todas las personas que lo precisen. Desde el lugar que me encuentre trabajaré porque ninguna persona se vea condenada a pasar hasta el fin de sus días encerrada como si de un delincuente se tratara.
  4. Cumpliré y haré cumplir las leyes sobre accesibilidad que garantizan el libre acceso de las personas con diversidad funcional a todos los bienes y servicios comunitarios. Impulsaré que sean las propias administraciones las que velen por su cumplimiento y sancionen las infracciones.
  5. Prestaré especial atención a que se respete el derecho de las personas con diversidad funcional a llevar una vida digna e inclusiva, de forma que se garanticen el derecho a la vivienda , a la salud, a la educación con todos los apoyos y recursos necesarios y al trabajo, fuera de guetos residenciales y laborales.
  6. Me opondré a toda medida que implique para las personas con diversidad funcional un coste añadido sobre servicios básicos para su vida.
  7. Desde mi responsabilidad como representante público me comprometo a promover políticas que garanticen la oficialidad del sistema Braille como único código de lecto-escritura para las personas con diversidad funcional visual, asumiendo las administraciones y empresas de servicio público, las consecuencias que de esta oficialidad se deriven. De igual modo se extenderá ese compromiso e implementación real a la lengua de signos.
  8. Desde mi responsabilidad, como representante público, me comprometo a realizar políticas efectivas que garanticen el libre acceso a la información para todas las personas, facilitando los medios que cada cual precise para ejercer de forma efectiva este derecho.
  9. Me comprometo a seguir trabajando mi forma de pensar, sentir y actuar para dejar de excluir a las personas porque soy yo el principal obstáculo a la inclusión sobre el que tengo capacidad de transformación.
  10. Al diseñar un espacio arquitectónico, al proponer o enmendar una ordenanza municipal y al educar a mis hijos, siempre promoveré, visibilizaré y respetaré los derechos de los “diversos”.
En estas 10 vueltas de tuerca hemos condensado las propuestas recibidas para la campaña

Hola, mundo.

Hola, mundo político. Los de abajo… A pie de calle.
¡Aquí! Eh… ¿Nos veis…?
Estamos arriba, en este entarimado que llaman patíbulo.
Os interpelamos porque al parecer somos reos de algún delito, aunque a veces dudamos y creemos no haber hecho nada. Estamos presos, sujetos a este instrumento de muerte tan, tan… español, tan castizo, que llaman “garrote vil” desde hace muchos años. Ni os acordáis vosotros de cómo nos subieron y nosotros tenemos ya sólo un vago recuerdo de cómo aparecimos aquí… Por eso es normal que casi siempre permanezcamos asustados, aunque no tenemos claro si es por el hecho de haber sido olvidados en este lugar o por la amenaza que representa estar sujetos a este trasto: sabemos que la ejecución a garrote vil ha estado vigente en nuestro país hasta la abolición de la pena de muerte con la aprobación de la Constitución de 1978, sí… Pero ya veis. Lo cierto es que nosotros seguimos sujetos a él y la Constitución no nos ha dado más tranquilidad que la de saber que ya no hay un funcionario con las atribuciones de verdugo merodeando a nuestro alrededor mirando un reloj y a nosotros de reojo… Entendedlo: esto es un mecanismo brutal de estrangulamiento en el que el ejecutor ha de girar una manivela que hace avanzar un perno roscado que, unido a un collar rígido al cuello del reo, acabará con su vida, partiendo éste por presión en las vértebras cervicales. Dicho con cinismo, un recorrido con final seguro.

Casi no acertamos a saber cómo es que aún seguimos vivos y aquí arriba, en este suplicio, olvidados incluso en la Historia Nacional de la Ignominia, unidos a esta máquina espantosa, viéndoos ir adelante y atrás en vuestras tribulaciones, en las que no pasáis nunca, o casi nunca, por este entarimado. Suponemos que es por eso que decís, que vivís pegados al suelo, a la realidad, por lo que no veis que estamos arriba, en este cadalso en desuso donde nos pusieron y olvidaron. Pero seguimos vivos y viéndoos pasar. El problema es que para bajarnos de aquí, os oímos decir alguna que otra vez que miráis llover y os dais con esta sombra nuestra, inesperada, es un “problema político”. Y es lo que nos da más miedo… Sobre todo en estos últimos tiempos en los que los vientos mueven tantas nubes que os desconciertan y tocáis todo para cercioraos que aun domináis la naturaleza de las cosas. Y no entendáis que queremos hablaros de… las nubes. No. A veces, siguiendo a estas, uno o varios de vosotros, políticos siempre, se encarama hasta este tablado y después de sacudirse el polvo y telarañas de siglos que se acumulan aquí, se pone a mirar y trastear en el chisme de la tuerca, hablando para su camisa sobre ciencia empírica, probando a darle adelante y atrás a la rosca, haciendo que brote un sudor frio de nuestro rostro cuando él o ella se refriega la cabeza sobre la finalidad de ese tosco ingenio de madera y hierro y vuelve al toqueteo del pánico. Si nos ven ya con el color demudado, hasta nos sonríen y nos oprimen tranquilizadores el hombro, con fuerza que llaman solidaridad, para después volver al trasto del horror llevándose un dedo a los labios y rascándose la coronilla antes de apuntar frases que siempre suenan igual en alguna de esas libretas con un anagrama comercial en sus hojas. Cierto es que los hay irritantes e ignorantes por demás, y no fijándose más que en el óxido del perno, se muerden la lengua como zoquetes y aprietan como brutos para ver si aquello avanza forzándolo. Y aun les cuesta detenerse cuando se nos escapa un chillidito de horror por su estupidez opresora. Y de eso queríamos hablaros…

Mirad: nos caen lágrimas gordas como manzanas muriéndonos de ganas por poder explicaros que “el problema político” comenzaría a solucionarse si nos liberaseis, sin más, de este artefacto que solo da muerte y que bajándonos del cadalso, ya correríamos o rodaríamos en la dirección que pudiéramos y nos convenga, lejos, seguro, de esta sombra con la que os dais de narices de cuando en cuando.

Pero ya no os pedimos ni eso. Sabemos, por el tiempo que pasamos viéndoos sin poder evitarlo (sois la distracción forzada de los reos que permanecemos atados a contra voluntad), que necesitáis un orden del mundo, de ubicación de las cosas que os ha de parecer inmutable para no liaros de nuevo a rehacerlo otra vez, como casi siempre, a golpes y sin concierto, antes de sentaros, sesudos, a pensar cómo mover las cosas de sitio. Cuando descubrís que mover armarios pesados sin vaciarlos antes os deja exhaustos, volvéis a la perplejidad, a sentaros nuevamente y a planificar estrategias de desplazamientos de muebles viejos en vuestras libretas de siempre.

¡Pero olvidaos de momento de todo eso!

Fijaos bien: nos conformamos con que cuando veáis este aparato, simple, brutal, no hagáis cábalas, no juguéis a darle porque sí a ver qué sucede… Recordad que al final de la rosca por la que gira la tuerca esta nuestro cuello: delgado, débil, pálido de no sentir el sol, tanto tiempo apresado en un collar de vileza.

Hoy queremos haceros saber que es mentira que lo que nos sobra es tiempo, y que meditando sobre esa rosca por la que se alarga o se acorta nuestra vida, y más en estos tiempos de barbarie, algunos hemos sido capaces de poner nombre a diez vueltas de la espiral por la que gira esa tuerca unida a una manivela del miedo. Cada uno de esos resaltes, cada una de esas vueltas, pueden ser identificada, tienen nombre. Hoy. Les hemos dado identidad. Pero como toda espiral, la tuerca que gira sobre ella tiene la virtud de ir hacia adelante o hacia atrás… y como siempre también, esta fuera de nuestro alcance. Algo que seguro previó quién nos izó aquí. Por eso recabamos vuestra atención, viéndoos sudar arrastrando muebles viejos, atizando alfombras llenas de polvo y mugre… Creemos que, advertidos por nosotros, los más interesados, los que viven al final del perno, está en vuestras manos dar 10 vueltas de tuerca en un sentido o en otro cuando trasteáis con este artefacto del pasado más ominoso. No tiene misterio alguno el procedimiento: si giráis la tuerca avanzando y ocultando el nombre de cada resalte, respiraremos con más dificultad y sentiremos más opresión y presencias negras de mal agüero que no deseamos. Por el contrario, si invertís el giro de tuerca podréis ver que nuestro pánico se diluye, se expande nuestro pecho y descubrís nuevas ranuras del perno, innombradas. O que si tienen nombre, pero que tanto nosotros como vosotros hemos olvidado a cuenta de solo estar pendientes de cada vuelta de tuerca avanzando.

La llamada, pues, se entiende fácilmente: aquí tenéis identificadas 10 vueltas de tuerca que nosotros deseamos ver que desandan el camino, dándonos así aire, que es lo menos que se niega a un reo. Os pedimos que pongáis estas identidades en vuestros itinerarios políticos, que subáis aquí si tenéis energía y determinación para pisar este entarimado y que giréis la tuerca, de modo inequívoco, comprobable, en el sentido de la vida. Es más. Creemos que no debe repugnaros, que varias manos se hagan sitio unas a otras en la manivela y en el giro que lleva en esa dirección.

¿Subís, o no…?