Manifiesto IX marcha por la visibilidad de las personas con diversidad funcional


Estamos aquí para mandar un mensaje alto y claro que se transporte a los oídos de políticos y ciudadanos: NO SOMOS NI SEREMOS LO QUE OTROS QUIERAN HACER DE NOSOTROS Y TOMAREMOS NUESTROS DERECHOS, PORQUE ÉSTOS NOS DARÁN DIVERTAD. DIGNIDAD Y LIBERTAD PARA LLEVAR A CABO NUESTROS PROYECTOS DE VIDA INDEPENDIENTE.

Por eso, hoy tomamos las calles de Madrid para hacernos visibles, para que NOS MIREN Y NOS ESCUCHEN.

Con la mirada nostálgica y recordando hacia atrás aquel año 2007, y con el espíritu y la ilusión de reivindicar unos derechos humanos que seguimos queriendo proclamar a la sociedad, desde entonces volvemos a salir a las calles de Madrid. Con más arrugas en la frente desde aquella primera marcha, muchos compañeros y compañeras nos han dejado ya, pero que desde donde estén siguen empujándonos. Seguimos caminando con nuestras ruedas, perros, bastones, y con todas nuestras diversidades funcionales, en la reivindicación activa, y ya va por la novena.

Y estamos aquí un año más para pedir que se termine con la discriminación y con la negación de oportunidades y libertades que sistemáticamente y con consentimiento político se hace sobre nuestros cuerpos y sobre nuestra autonomía. Para exigir las herramientas necesarias comunicativas, arquitectónicas y humanas que aseguren nuestra DIVERTAD.

Somos un colectivo en constante sangrado, harto de medidas políticas que niegan nuestra diversidad como una realidad. Hartos de construcciones negativas de la diversidad funcional.

Las decisiones que se toman sobre nosotros no son precarias, son excluyentes. Nos ahogan, nos asfixian y sin aire nos dejan morir esperando los recursos que el sistema oferta. Recursos en su mayoría pensados para mantenernos dentro de un modelo médico, institucionalizado y segregador.

O vivimos en centros que no diseñamos; ni sus normas, ni sus pautas, ni sus rejas, o se nos condena junto con nuestros familiares a dejar de ser madres, hijos, hermanos, amigos, para ser solo cuerpos que cuidar, cayendo, más si cabe, la guillotina en las mujeres de nuestra vida. Las siempre dispuestas por el peso de la historia.

Desde el otro lado de la orilla, nos convertimos en esos otros. Los sometidos a pedir derechos como limosnas y dar las gracias siempre. En los cansados, los eternos pacientes. En los desconocidos a los que se da un no reiterado, o nada, en demasiadas ocasiones.

En los que no nacen porque es mejor así y los que nacen para no decidir.

En los que se decidió que fuéramos, los dependientes.

Pero las personas, las personas con diversidad funcional no se construyen de la mirada del otro, ni de sus sentencias: lo que somos, lo que sentimos y nuestros derechos nacen de nuestras entrañas. Nosotros gozamos nuestra diversidad, la aceptamos, la reconocemos y la valoramos.

Deseamos un proyecto de vida propio, basado en la autonomía y la toma de decisiones. Un proyecto que se forje desde niños en escuelas inclusivas. Que cada paso del camino no sea una carrera de obstáculos. Queremos disfrutar el derecho a comernos el mundo sin perder ni una sola sonrisa desde que somos niños, niños con diversidad funcional. Que todos se enteren y participen de cómo descubrimos y disfrutamos nuestra sexualidad. Que nuestra sociedad sea más rica porque estamos dentro de ella.

Queremos las mismas oportunidades que las personas sin diversidad funcional, poder tropezar, porque eso nos hará autónomos, y la autonomía nos hará libres.

Es grave saber que no son deseos al aire únicamente, sino que la Convención de los derechos de las personas con diversidad funcional firmada por España nos ampara y recuerda a diario todo lo que nuestro país y Europa nos debe. Derechos que serían instantáneos con herramientas reales y ya puestas en marcha a pequeña escala como son la asistencia personal, un recurso olvidado y que corre el peligro de ser preso de intereses de unos pocos.

¿De qué tienen miedo los que deciden? ¿descompensaríamos su particular balanza con alternativas reales?. Queremos remover la conciencia de los políticos, recordando una frase de un pensador que nos dejó este año, Eduardo Galeano: “El miedo nos gobierna. Esa es una de las herramientas de las que se valen los poderosos, la otra es la ignorancia”.

Ahora que nuevos partidos y portavoces de todos los colores renuevan el escenario político, recordamos a todos nuestros representantes que el esperado cambio nunca será tal si no estamos todos y que continuar girando la cabeza a las necesidades, y sobre todo, a la falta de derechos de las personas con diversidad funcional no es una opción porque estamos, sentimos y somos poseedores de derechos más allá de su puesta en práctica. Es el momento de incluir en la agenda, la atención de la, diversidad como un derecho para que no seamos ciudadanos de segunda o tercera clase.

Todas las personas con diversidad funcional deben visibilizar sus realidades y luchar sin dejar de sentirse día a día orgullosos de la diversidad que le otorgan sus cuerpos y sus mentes, por ello gritaremos una y mil veces;

NADA SOBRE NOSOTRAS/OS SIN NOSOTRAS/OS