Justicia versus relato

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Las personas con diversidad funcional somos una minoría social discriminada desde la antigüedad, incluso dentro de otros colectivos discriminados, que también han olvidado incluir en su lucha a sus propios miembros con diversidad funcional.

Las personas con diversidad funcional somos etiquetadas con términos que nos remiten a una mirada patológica (enfermedad, deficiencia, parálisis, retraso, etc). Terminología propia de la visión de un paradigma médico que presenta a la persona diferente como una persona biológicamente imperfecta que hay que rehabilitar y ajustar a utópicos patrones de “normalidad”. Las palabras utilizadas para denominar a las personas con diversidad funcional son fundamentales en el refuerzo de la valoración negativa y en el mantenimiento de la opresión, discriminación y segregación.

Desde el activismo de derechos humanos del Foro de Vida Independiente se ha propuesto el concepto de “diversidad funcional” para sustituir otros con connotaciones consideradas peyorativas, como “discapacidad”, “minusvalía”, “invalidez”, etc. Y a partir de dicho concepto podemos hablar de “personas discriminadas por su diversidad funcional”, una expresión que claramente contradice el principio de economía del lenguaje pero que ha demostrado gran utilidad como instrumento de empoderamiento.

Conscientes de que el lenguaje utilizado cotidianamente, con aparente inocencia, perpetúa la ideología y los valores dominantes en la sociedad, rotundamente negativos en el caso de nuestro colectivo, esta nueva expresión tiene un carácter contrahegemónico y pretende igualar en derechos a las personas con diversidad funcional en la sociedad. No se trata de crear etiquetas más o menos correctas o afortunadas, se trata de establecer un desacuerdo desde donde hablar y actuar demandando el reconocimiento y el ejercicio de la libertad.

La representación de las personas con diversidad funcional mediante imágenes y relatos adversos tiene profundas consecuencias en las vidas reales. Por ejemplo:

  • Falta de modelos de inclusión adecuados para las personas con diversidad.
  • Refuerzo continuado de estereotipos negativos que se aplican a la comunidad de personas con diversidad de forma generalizada.
  • Centrar la atención en logros, conquistas o hazañas sobre la insuficiencia, significando que las personas con diversidad no pueden ser quienes son sin esforzarse en superar su circunstancia (porno inspiracional).
  • La distancia entre las realidades estereotipadas de las personas con diversidad y la comunidad aumenta el prejuicio y la brecha entre ambas.

Las organizaciones de diversidad funcional aparentan moverse lentamente hacia el modelo de Derechos, desde donde las personas diversas pueden acceder al poder, emanciparse y realizarse. Las entidades orientadas a manejar un lenguaje de derechos e inclusión en la sociedad han de centrar sus esfuerzos de forma clara y contundente en como la sociedad tiene que transformarse, en lugar de mantener discursos cosméticos adversos e insistir en transformar (¿o normalizar?) a la persona diversa.

Si hemos de señalar algunas críticas a las organizaciones más conservadoras del “sector de la discapacidad”, en general, apuntarían a:

  • Que organizaciones basadas en modelos tradicionales de dependencia, de apariencia benéfica, contribuyen a la segregación de las personas diversas.
  • Influyentes entidades acomodadas en la gestión de la dependencia y la discapacidad refuerzan los estereotipos negativos de las personas diversas, en particular mediante la publicidad y el marketing (porno caridad).
  • Que las organizaciones benéficas mismas se benefician más que las personas que dicen estar ayudando, y que como parte de este proceso reciben una imagen positiva, mientras que las personas diversas son retratadas como menos valiosas y necesitadas (porno caridad).
  • Que la beneficencia discapacitante está vinculada estrechamente al modelo médico centrado en la deficiencia en lugar de la persona y los derechos humanos, reiterando que la persona diversa es “defectuosa” para la sociedad.

Más allá de los problemas resaltados, que cada día a día atribulan y achican las vidas de adultos con diversidad, esto presenta un inconveniente particularmente grave para los padres y los adolescentes que adquieren en esos relatos conservadores algunos de sus propios conocimientos sobre el papel de las personas con diversidad funcional en el mundo, al prescribirles un territorio de dominación.

Las personas con diversidad funcional tienen que estar presentes con dignidad y en su propia diversidad, además de mezclados en los espacios y situaciones comunes a todas las personas, en los relatos difundidos y publicados por las instituciones públicas y organizaciones sociales y por los medios de comunicación, libres de atributos y distintivos provenientes de las creencias en formas de superioridad inherente de unas personas que tienen el derecho a dominar.

Seamos claros, se trata de elegir entre mantener la dominación de los invisibles, los dependientes, los sin parte, o poner los esfuerzos en visibilizar, mezclarnos, a las personas diversas como ciudadanas y ciudadanos libres e iguales, formando parte de la experiencia humana corriente, común. Tenemos un conflicto entre justicia y relato. Elijan (¿pueden?).